Afrofeminista y Afrolatina – Negra Con Orgullo de Serlo

VIVIANA CADENA: No soy una persona de color, no soy morena, no soy mulata, soy NEGRA. Negra orgullosa de mi africanidad y enamorada de donde vengo. Nací́ en Cali, Colombia. Mi madre es de Cartagena y mi padre es del Chocó. Mi familia materna es blanca de ojos claros, y mi padre, como la mayoría de los chocoanos, es negro. El Chocó es el departamento más afrodescendiente de Colombia, por lo tanto, soy afrocolombiana, afrofeminista, afrolatina, soy negra enamorada de serlo. En el episodio de hoy hablaremos de afro feminismo.

Victoria Eugenia Santa Cruz Gamarra fue compositora, coreógrafa, diseñadora e investigadora de las culturas de raíz africana, exponente del arte afroperuano. Victoria tiene un poema emblemático llamado Me Gritaron Negra, el cual está ligado a algo que le sucedió a los cinco años en el barrio donde se crio, donde ella era la única negra entre chicas mestizas. Relata Victoria que su barrio La Victoria se mudó una familia blanca y dice “cuando salgo a jugar la gringuita me mira y dice ‘si esa negrita juega, yo me voy’. Bueno, digo yo, esta acaba de llegar y ya está poniendo reglas. ¿Cuál seria mi sorpresa cuando mis amigas me dicen ‘Vete Victoria’? Una puñalada es una caricia comparado con aquello que me pasó. Yo no sabía que era negra. Cuando digo no sabía que era negra no estoy hablando del color, sino de lo que eso implicaba.”

  • POEMA – Me Gritaron Negra de Victoria Eugenia Santa Cruz Gamarra.
  • Me gritaron negra.
  • Tenía siete años apenas,
  • ¡Qué siete años!
  • ¡No llegaba a cinco siquiera!
  • De pronto unas voces en la calle
  • Me gritaron ¡Negra!
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • “¿Soy acaso negra?”- me dije ¡SÍ!
  • “¿Qué cosa es ser negra?”¡Negra!
  • Y yo no sabía la triste verdad que aquello escondía.
  • ¡Negra! Y me sentí negra,¡Negra!
  • Como ellos decían ¡Negra!
  • Y retrocedí ¡Negra!
  • Como ellos querían ¡Negra!
  • Y odie mis cabellos y mis labios gruesos
  • Y mire apenada mi carne tostada
  • Y retrocedí ¡Negra! Y retrocedí
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra!
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • Y pasaba el tiempo,
  • Y siempre amargada
  • Seguía llevando a mi espalda
  • Mi pesada carga
  • ¡Y cómo pesaba!…
  • Me alacié el cabello,
  • Me polvee la cara,
  • Y entre mis entrañas siempre resonaba la misma palabra
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra!
  • Hasta que un día que retrocedía,
  • retrocedía y qué iba a caer
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
  • ¿Y qué? ¿Y qué?
  • ¡Negra! Si
  • ¡Negra! Soy ¡Negra!
  • Negra ¡Negra! Negra soy ¡Negra!
  • Si ¡Negra! Soy ¡Negra!
  • Negra ¡Negra! Negra soy
  • De hoy en adelante no quiero
  • Lacear mi cabello No quiero
  • Y voy a reírme de aquellos,
  • Que por evitar -según ellos-
  • Que por evitarnos algún sinsabor, llaman a los negros gente de color
  • ¡Y de qué color!
  • NEGRO
  • ¡Y qué lindo suena!
  • NEGRO
  • ¡Y qué ritmo tiene!
  • NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
  • NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
  • NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
  • NEGRO NEGRO
  • Al fin Al fin comprendí
  • AL FIN Ya no retrocedo
  • AL FIN Y avanzo segura
  • AL FIN Avanzo y espero
  • AL FIN Y bendigo al cielo porque quiso Dios
  • Que negro azabache fuese mi color, y ya comprendí
  • AL FIN ¡Ya tengo la llave!
  • NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
  • NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
  • NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
  • NEGRO NEGRO
  • ¡Negra Soy¡

VIVIANA CADENA:

Un consejo. No debes tener miedo al llamar a una persona negra, por que no ofende; o mejor, no debe ofender, ni debe ser usado de una forma despectiva, porque claro que el tono influye. Debe ser usado como cualquier denominación, como italiano, alemán, hindú́, mujer, hombre etc. Todos estos puntos alzan nuestra autoestima, una mujer lucha diariamente por sus derechos y por su vida digna, pero mujer afro lo hace también por su representatividad.

Como dije, nací́ en Cali, capital del departamento Valle del Cauca, pero cuando tenia unos dos años, mi familia se mudó a Bogotá́, en donde gran parte de la población es blanca y mestiza. Esto me llevo a crecer siendo la burla de los demás. Sabemos que los niños pueden ser crueles, se mofaban de mis labios gruesos, de que mi pelo no tenía forma. Mi madre es de pelo liso y no tenía mucha idea de cómo lidiar con mi pelo, pero siempre hizo un muy buen trabajo. A todas estas burlas se sumaba que mi hermana fuera blanca, de pelo lizo, de ojos claros. Es decir, nadie a mi alrededor era como yo. Ni mi mamá, ni mi hermana. Y mis papás ya se habían separado. Mi papá vivía en el Chocó. Todo eso hacía que me autoestima fuera cada día más baja, y yo veía una clara diferencia en el trato que las demás personas tenían contigo.

A mis once años resolvimos empezar a alizar mi pelo. Esto me hizo muy feliz. Sentía que era más parecida a las demás niñas de alguna forma, lo hice durante muchos años, en los que también quería afinar mi nariz, solo me vestía de blanco y negro, era supremamente tímida, entre menos llamara la atención era mejor para mí, quería pretender ser invisible.

Esto empezó́ a cambiar cuando un profesor de filosofía en la universidad, al darse cuenta de todos los signos de baja autoestima que yo emitía, me sentó́, me dio una gran charla sobre el orgullo que debía tener al ser de mi raza, me dijo “¿no te das cuenta de que las mujeres se operan para tener tus labios?, tu color de piel es único, muchos quisiéramos haber nacido de raza negra”.

Gracias a este profesor empezó a cambiar mi mente. Hice una introspección y me empecé́ a enamorar de mi africanidad. Cambié mi forma de vestir, ahora no hay un color que no este en mi guarda ropa, y uso bandanas, faldas, carteras y accesorios de estilos africanos. Empecé́ la transición de mi pelo, me dejé de esconder tras químicos y tratamientos de alisado. Corté todo el pelo que tenía químico y deje solo el mío natural, ese que tiene tantos mitos, como ‘pelo malo ó pelo que tiene presencia desordenada’, y debo admitir que no fue fácil.

Con el tiempo esa inseguridad fue desapareciendo, me miraba al espejo y veía a esa mujer que soy, a la auténtica mujer negra, a la verdadera Viviana. Puede que algún día quiera volver a cambia de pelo, pero ya soy una mujer liberada de la presión social que tenía. Si lo hago de nuevo, será́ porque quiero. Si lo hago, todos sabrán que no es por darles gusto. No busco aprobación, ni con mi pelo, con mi ropa, ni con mi comportamiento. Para mí, se acabó el tratar de agradar a los demás. Es sanador sentir el control de mi felicidad con mi pelo. Lo llevo natural por que me gusta, porque soy negra y porque amo mi africanidad. El amor por mí misma proviene primero de mi propio ser, y luego los demás.

BLANCA AGÜERO:

Algunos se preguntarán porqué las mujeres negras le ponen el prefijo afro a todo, o porque necesitan celebrar su propio día si ya hay un día de la mujer. En este episodio hablamos sobre porque a ellas les ha tocado la militancia, cómo los latinoamericanos podemos educarnos más en el tema, entender los orígenes y aportar activamente para su equidad.

Según la revista Afroféminas, una comunidad en línea que habla a las mujeres afrodescendientes/negras y racializadas, “El feminismo negro se abre paso como una corriente de feminismo en la que dar lugar a reivindicaciones propias de las experiencias de las mujeres negras, en tanto sujetas inmersas en múltiples opresiones sociales producto de encarnar cuerpos e identidades no hegemónicas, cuerpos e identidades racializadas, construidos desde la mirada e interpretación y valorización de sujetos y sujetas hegemónicas, que en el caso del hombre blanco encarna la figura del hombre o sujeto universal. A partir de este modelo supuestamente universal se organiza toda la concepción de derechos humanos…”.

Si nos remontamos a los comienzos de la lucha en contra la esclavitud en los Estados Unidos, donde las personas negras eran propiedad privada de los blancos, una era marcada por la segregación de blancos y negros. A pesar de ser forzados a trabajos intensos sin paga y a sufrir la separación entre familia, hubo mujeres que se destacaron como pioneras del feminismo negro. Harriet Tubman, por ejemplo, un ícono de la historia negra, a quien llamaban Moisés por haber liberado a miles de esclavos del sur llevándolos a la libertad. En el año 1849 huyó con sus dos hermanos utilizando la red conocida como Railroad Underground, una serie de vías secretas y casas seguras que miles de esclavos utilizaron para fugarse al norte donde ella regresó para guiar a decenas de esclavos a la libertad. Una mujer guerrera que formó parte del ejército de la Unión y se infiltró como espía en las fuerzas confederadas. Se volcó en la lucha por el voto femenino y entró en los círculos sufragistas que tras aprovechar el anti esclavismo para la causa, limitaron su lucha al derecho de las mujeres blancas. Esa fue una lucha que otras mujeres negras tuvieron que pelear por si mismas. Como el caso de Sojourner Truth, la primera afroamericana en ganar un juicio a un blanco. Una activista que reclamaba el derecho a la igualdad de las mujeres. Sojourner en una ocasión dijo “El hombre de color ha conseguido sus derechos, ¿pero lo ha hecho la mujer de color?, Vaya, el hombre de color será dueño de la mujer y estaremos tal como antes”. También podemos destacar a Harriet Jacobs, la primera mujer en escribir su autobiografía como esclava y denunciar los abusos sexuales que eran sometidas por los propietarios blancos. Jacobs fundó una escuela para afroamericanos y luchó para que los maestros fueran negros.

Incluso después de la Proclamación de la Emancipación que cambió el estatus legal ‘de esclavo a libre’,  la sociedad americana seguía siendo profundamente racista y mujeres como Ida Bell Wells-Barnett, pionera del periodismo de investigación, viajó sola por los estados del sur documentando 700 linchamientos públicos de afroamericanos acusados falsamente de haber violado a mujeres blancas, que yo llamo las “Karen” de ese momento. Esto puso en evidencia el racismo estructural de la sociedad y promovió técnicas de boicot económico, tales como no utilizar los ferrocarriles, que luego serían ampliamente difundidas por el movimiento de los derechos civiles de los años 60.  Justamente en esos años y llegando a esa época de revolución no puedo dejar de mencionar a una leyenda viviente, Angela Davis, filósofa, activista antirracista y feminista que estuvo relacionada con los Black Panthers. Actualmente es un referente en el tema y una de las voces más importantes en el movimiento Black Lives Matter.

Yo creo en el feminismo interseccional, ése que reconoce y defiende que existen múltiples ejes de discriminación entrecruzados. Este feminismo es el que rompe con la universalidad de la experiencia de la mujer y es construido por la diversidad, sus experiencias y luchas, como la lucha de nuestras hermanas negras y afrolatinas.

NATALIA RODRIGUEZ:

Quise entender un poco mas esta problemática, especialmente en Latinoamérica, analizando un poco los orígenes. Encontré un estudio del Banco Mundial llamado Afrodescendientes en Latinoamérica del 2018 sobre las brechas sociales entre afrodescendientes y no afrodescendientes. No voy lo a abordar muy en detalle por que es muy extenso, pero si quiero resaltar el recuento que tiene este documento sobre la configuración histórica de las relaciones raciales en Latinoamérica. Como siempre hemos dicho en este podcast, reflexionar sobre los orígenes de una problemática, tal vez nos de herramientas para posibles soluciones. 

Pensemos en los procesos que tienen su origen en el período colonial. Si nos vamos entre los siglos dieciséis y diecinueve, según el reporte, se estimó que entre 5 y 10 millones de africanos fueron traídos contra
 su voluntad a las colonias españolas y portuguesa. Traídos por una parte para compensar la rápida disminución de la población indígena, además de los trabajos de esclavitud.

Cincuenta años después del establecimiento de la colonia española los blancos ya eran superados en número no sólo por la población indígena, sino también por los africanos que trajeron consigo. En pocas palabras, la Latinoamérica colonial fue una sociedad predominantemente NO BLANCA, gobernada por una pequeña élite blanca, y esto es fundamental entenderlo.

En la época de la colonia española, todas las regiones o colonias, estaban sujetas a las llamadas leyes coloniales de estratificación social, conocidas como ‘sistema de castas’, que situaba a los no-blancos en un estatus legal y social inferior.  Los individuos de castas más bajas podían “blanquear”, óigase bien, “blanquear a su descendencia” por medio del matrimonio mixto. Sin embargo, existía una diferencia notoria entre la mezcla con indígenas y con afrodescendientes.

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No puedo explicar muy a detalle el sistema de castas, pero según el documento del Banco Mundial, la regla general consistía en que, mientras que el mestizaje con indígenas tendía hacia el blanqueamiento, la mezcla con africanos llevaba de vuelta hacia lo mulato, o torna atrás (Ver gráfica).

El punto es que, el gran número de categorías de raza mixta que surgió durante este periodo explica, en parte, las dificultades de definir los grupos etno-raciales en Latinoamérica actualmente.

Venezuela es un buen ejemplo de los desafíos que el estudio de los afrodescendientes enfrenta. 50 por ciento de los venezolanos se identifican como morenos, una persona de ascendencia africana con una pigmentación de la piel más clara. También existen grupos étnicos de ascendencia africana que se reconocen como afrodescendientes de esclavos escapados que se asentaron en áreas remotas, como los Garífuna y los Misquito de Centroamérica.

Hacia 1830, la mayoría de los países en América Latina habían logrado la independencia y se desmátela de a poco el sistema colonial de castas. Las teorías de blanqueamiento comenzaron a caer a partir de 1930. Surge un nuevo paradigma posrevolucionario, donde los mestizos se convierten en el símbolo de ideales liberales y progresistas. La identidad mestiza se adoptó como una estrategia para romper con el pasado colonial. Aquí es donde se redefine al mestizo como el latinoamericano por excelencia.

No fue igual en todas partes, por supuesto. Fue un proceso largo y complejo. Mientras Brasil y Cuba incorporaron la cultura africana como un elemento central de su identidad mixta, Colombia, México y Perú enfatizaron el legado de sus ancestros indígenas, y otros países, como Argentina, Costa Rica, Panamá y Uruguay simplemente no adoptaron el mestizaje como proyecto nacional.  

Entonces, el “mestizo como el latinoamericano por excelencia” llevó a procesos prácticamente de invisibilización de la población afrodescendiente, los africanos como raza pasan a segundo plano, de alguna manera.

Aunque ya mas recientemente, en los años 80s, según el reporte, los movimientos sociales afrodescendientes y las organizaciones indígenas han venido luchando por el reconocimiento de sus derechos como segmentos de la población distintivos e ignorados, y se han aprobado leyes que protegen los derechos de personas de ascendencia africana. Latinoamérica posee, sí, un conjunto importante de leyes y acuerdos internacionales que protegen los derechos de los afrodescendientes, además de un número considerable de políticas y programas focalizados PERO las actitudes y los resultados discriminatorios persisten.

¿Entonces que debemos hacer cada uno de nosotros o nosotras como Latinoamericanos para des-invisibilizar la población afrodescendiente? ¿Como aportar para su equidadad? Para mí, es un cambio de mentalidad. La falta de reconocimiento del problema es una forma de exclusión.


“La discriminación está arraigada en expresiones informales de la vida cotidiana que viene desde la colonia. Por ejemplo, en Colombia se dice mucho que ‘hay que casarse para mejorar la raza’, esto en sin duda una expresión arraigada a la idea del blanqueamiento de castas. ¿Como podemos cambiar esos modelos mentales arraigados que llevan a la exclusión de los afrodescendientes en nuestra región?  La educación es la herramienta más poderosa para cambiar estos modelos mentales. Hoy por hoy, para mí, no se trata simplemente de No-Ser-Racistas, sino de ser Anti-Racista. Tratar el racismo con aguas tibias no aporta absolutamente nada al cambio.”

Las Del Desahogo